El líder que enamora

Llevo mucho tiempo trabajando con líderes, observándolos, respirándolos. Hay varias clasificaciones sobre los líderes y las competencias que deben tener. Líderes enfocados en la estrategia, en los objetivos, en la acción, en las personas, y todo eso está muy bien. De todos ellos, hay un líder que a mí me apasiona, que pasa casi de puntillas, y cuando entra en una sala, se hace el silencio y todo el mundo se gira para mirarlo, por que trae una energía maravillosa que inunda todo el espacio.

Es el líder sistémico, ese que transforma desde dentro, ese que te roza las entrañas y te mueve, ese que notas su calidez y su humanidad abrazándote sin que te toque, ese que convierte un sistema en un organismo vivo equilibrado y en consonancia, ese que se aparta y permite que todos bailen al mismo compás.

La “mirada” del líder

El liderazgo sistémico no empieza en el hacer, empieza en la mirada, una mirada que trae otra perspectiva, que trae otra visión, que ve lo que no se ve a los ojos, que ve lo que se dice, lo que se evita, lo que se repite. 

Reconoce que en todo el equipo hay dinámicas invisibles que condicionan lo visible, relaciones no resueltas, emociones, lealtades silenciosas, miedos, expectativas no nombradas. Y entiende, que   lo que no se mira, actúa desde la sombra. 

Ve al sistema como un ente con identidad propia, con una forma particular de pensar, de sentir, de aprender, de actuar.  Y con todo esto, fomenta que el equipo reflexione sobre cómo se relacionan, cómo se comunican y cómo toman las decisiones, lo que permite que sea un equipo más consciente, coherente y autónomo.

Desde dónde actúa

Y aparte de esa forma de mirar, actúa escuchando sin juicio, abierto para comprender. Escucha las palabras, el tono, el cuerpo; escucha el silencio. Escucha a la persona y al sistema al mismo tiempo. 

Actúa trayendo la corresponsabilidad. Promoviendo a cada miembro del sistema la conciencia y el sentimiento de pertenencia, haciendo entender que todos y cada uno de los miembros del sistema son corresponsables de lo que acontece en él, de los aprendizajes y de los logros.

Actúa impulsando. Generando en el sistema los recursos necesarios para centrarse en el presente y comprometerse con la acción futura. Mueve al equipo desde la reflexión, trayendo claridad y enfoque.

Actúa sosteniendo el clima emocional del grupo. Facilitando un espacio seguro, donde las emociones puedan expresarse, canalizarse y reconducirse hacia el propósito establecido; tomando primero conciencia, desde donde está él, de cómo está impactando en el equipo. No huye del conflicto, no tapa el malestar con soluciones rápidas, no invalida lo que duele. Se queda, disponible, y se queda con todo lo que hay. Porque sabe que las emociones que no afloran se estancan, y las emociones que se permiten y se acogen, transforman.

 Honra a la diversidad, reconociendo y aprovechando la riqueza que aportan las diferencias individuales para crear algo mayor, abriendo espacios donde todas las voces puedas ser escuchadas y consideradas desde distintos planos.

Su verdadero PODER

Pero el verdadero poder, es su estar presente, su presencia en cada momento, una presencia consciente, una presencia abierta, capaz de sostener la complejidad sin fragmentarla. El líder sistémico es espacio, espacio para que emerja lo nuevo, para que lo oculto se muestre, para que el sistema se ordene desde dentro.

El líder sistémico no empuja al cambio. Lo facilita. Confía en la inteligencia del sistema, sabe que el sistema encuentra su propio camino desde esa mirada, desde esa escucha, desde ese orden y equilibrio de estar todo donde debe estar. 

El líder sistémico busca servir al todo; desde la humildad, algo que le hace aún más grande; desde la presencia, trayendo esa energía que lo invade todo; desde la conciencia, dando paso a  algo profundo que cambia.

Y desde  ahí, desde las entrañas, es cuando las relaciones se ordenan, la energía fluye y el sistema avanza con más coherencia y sentido.

Esto va de la VIDA

Y esto no va solo de equipos, va de la vida. Va de ser ese líder que impacta desde la esencia y lo auténtico dejando un legado de armonía y equilibrio. Va de encarnar esa persona que quieres ser y sin darte cuenta, transformar todo lo que hay a tu alrededor haciendo que todo se coloque en su lugar y fluya como si fuera un baile. Va de permitir a los demás poder mostrarse tal y como son sin miedo, sin juicio, desde el respeto y desde el amor.  Y ese líder puedes ser tú. Y ahora pregúntate, ¿cómo quiero impactar? ¿qué legado quiero dejar?. Elige.