Mañana empiezo
Cuantas veces has dicho, “mañana empiezo con la dieta”, “el lunes comienzo a ir al gimnasio”, “el mes que viene me pongo con el proyecto que tengo que presentar”. Y así tantas y tantas veces. Y comienza a resonar dentro de tí “siempre quiero, pero no puedo”.
Siempre hay una excusa, una justificación que posterga tu decisión, tu acción; “lo hago mañana”, “ahora no es el momento”, “cuando tenga más tiempo”; y lo peor de todo es que te lo crees; nunca es el momento, nunca tienes tiempo.
Una parte de tí lo tiene claro, sabe lo que tiene que hacer; incluso sabe por qué sería bueno hacerlo. Sin embargo, algo no se mueve. Algo te frena.
Y aparece la culpa. Esa sensación incomoda de saber que te estás fallando a ti mismo, a ti misma. De saber que podrías hacerlo y no lo haces. De sentirte incoherente, débil, perezoso o poco disciplinado.
Nuestro amigo el inconsciente
No siempre se trata de falta de voluntad. El verdadero freno no está a nivel consciente, sino en el inconsciente.
A nivel racional quieres avanzar, pero en otro nivel (mucho más profundo), hay partes de ti, que asocian ese paso con peligro, dolor, pérdida o rechazo. Momentos del pasado, frases que escuchaste, situaciones en las que intentaste algo y no salió bien, experiencias donde te mostraste, decidiste arriesgar y tuvo un coste emocional.
Y muchas veces, esas asociaciones, ni siquiera fueron hechos que sucedieron tal y como los recuerdas, sino que son interpretaciones de lo que viviste, de cómo tu inconsciente registró determinadas experiencias. Quizá no fue tan grave como hoy lo sientes, pero el inconsciente no funciona con lógica ni con tiempo, y si en algún momento avanzar lo viviste como algo amenazante, el sistema aprendió a protegerte.
Por eso, cada vez que hoy quieres moverte en esa dirección, aparece una resistencia invisible, una resistencia que tu cabeza no entiende y tu cuerpo te cierra el paso. No se presenta como miedo explícito, sino como un cansancio, como olvido, como una postergación, sin una causa clara. Y lo más frustrante, es que no sabes que es lo que te pasa, solo sientes que no avanzas.
Todo es mentira y todo es verdad
Mirándolo de esta manera, todo es mentira y todo es verdad. Es mentira porque es solo una interpretación tuya de algo que crees o piensas que viviste o sentiste; y si hubieses vivido otra experiencia, estado con otras personas, nacido en otro lugar, no existiría esa interpretación, existiría otra. Y también es verdad, por que es tu verdad, por que es lo que realmente sientes y crees que sucedió.
Curioso, no? Curioso y mágico, porque entonces, ¿cuál es la verdad?
Identificar estas dinámicas no es sencillo, porque no están en el discurso consciente. Están grabadas en capas profundas de tu historia emocional. Y desde ahí operan, una y otra vez, sin que te des cuenta.
Por eso forzarte, presionarte o castigarte rara vez funciona. Al contrario: suele reforzar la culpa y la sensación de bloqueo. Es como pedirle a una parte asustada que avance a base de exigencia.
El verdadero cambio
El verdadero cambio empieza cuando dejas de preguntarte “¿qué me pasa que no hago lo que quiero?” y empiezas a preguntarte:“¿Qué parte de mí cree que no es seguro hacerlo?”
Cuando algo se hace consciente, deja de gobernarnos en la sombra. No desaparece de inmediato, pero se vuelve visible. Y lo visible puede ser escuchado, ordenado, resignificado.
A veces no necesitas más motivación. Necesitas comprensión. Comprender qué te frena, desde dónde, y para qué. Porque detrás de muchos “no puedo” hay un intento de protegerte. Y cuando esa protección se reconoce, suele aflojar.
Tal vez no sea que no puedes. Tal vez sea que una parte de ti aún no se siente segura para hacerlo.
A ti también te pasa mi querido líder
Tú, como líder sistémico eres también una persona con historia, con capas emocionales, con memorias invisibles que siguen operando. La diferencia no está en no tener bloqueos, sino enatreverse a mirarlos.
También a ti te pasa. También hay momentos en los que algo en tu interior se frena, duda, posterga o evita. Y no es falta de claridad, ni de compromiso, ni de visión. Muchas veces es una parte profunda que aprendió, en otro tiempo, que avanzar no era seguro.
El liderazgo sistémico empieza dentro. Comprenderte no te debilita. Te vuelve un líder más preciso, más humano, más íntegro. Un líder que escucha crea espacios donde otros también pueden escucharse. Tal vez no sea que no puedes. Tal vez sea que una parte de tí todavía está esperando sentir que ahora sí es seguro.
Y desde ahí, el liderazgo se vuelve presencia, coherencia y verdad.
Es maravilloso el parar y mirar, algo se coloca y ocurre la magia. Observa en que situaciones y que asuntos postergas; quédate en ellas, ahí tienes toda la información.
