CUERPO Y MENTE

Nuestro cuerpo, ese templo sagrado que habitamos y que pasa desapercibido, ese lugar sabio y honesto al que perdemos de vista tantas veces, ese que siempre nos acompaña de forma incondicional, el que nos susurra con sensaciones e intuiciones, ese que nos avisa y le miramos por el rabillo del ojo sin tenerlo en cuenta. Ese que siempre nos dice la verdad.

Nuestra mente, esa que interpreta, que imagina escenarios, que se defiende, que se asusta. Esa con una habilidad infinita para inventar historias, para anticiparse al desastre, para repetir creencias, para estar siempre en el discurso. Esa tramposilla que no sabe hacerlo de otra manera.

Y ahí están los dos, formando un pack, cuerpo y mente, uno nos dice la verdad y la otra, mejor dudar de lo primero que nos dice.

TU CUERPO TE HABLA 

Nuestro cuerpo reacciona antes de que puedas poner palabras a lo que sientes, se expande cuando siente que ese es el camino, se tensa cuando algo no le encaja, se contrae cuando te estás traicionando, se encoge cuando estás sosteniendo más de lo que puedes, se agota cuando llevas demasiado tiempo en lucha.  Y aún así no le hacemos caso, sigues con ese dolor en el pecho, con ese nudo en el estómago, con esa tensión en la garganta o en la nuca. 

El cuerpo no sabe fingir. El cuerpo dice lo que es aunque nuestra mente no sepa entender. El no cede a la narrativa mental que solo busca escusas y justificaciones.  Nuestro cuerpo lo comprende mucho antes y se expresa.

TU MENTE TE MIENTE

La mente quiere ayudarnos, quiere protegernos, pero no sabe como hacerlo, se basa en esos miedos y esas creencias que nos han acompañado siempre y no sabemos identificar. La mente te dice al oído que vas a fallar, que no puedes, que no eres suficiente, que mejor no te muevas de donde estás, que aguantes un poco más.

El cuerpo siente tu verdad. La mente crea historias continuamente, no deja de hablar saltando de un lugar a otro, entrando en una espiral de la que no sabe salir. Y más allá de ese   ruido mental, hay un lugar dentro de ti que no se expresa con palabras, lo hace con sensaciones, con señales, con una claridad serena que al principio susurra y si no le haces caso grita para que le oigas y sepas que el camino es por ahí, y cuando sigues el camino que te ha señalado,  sientes apertura, calma, expansión, incluso cambia tu postura, más abierta, más erguida.

Tu cuerpo siempre está hablando, siempre sabe que ocurre.  El cuerpo va siempre un paso por delante, mucho antes de que llegues al límite ya te está enviando señales, mucho antes de que seas consciente del miedo, de la duda o de la tristeza, tu cuerpo ya lo ha expresado. Sólo hay que escucharlo, estar presente, ser honesto con él, observarlo sin juicio, es una guía para ti, un saber hacia donde quieres ir, y elegirlo. Es un acto de respeto y de amor hacia ti.

VOLVER AL CUERPO, VOLVER A TÍ

Cuando vuelves a tu cuerpo, vuelves a ti, a lo esencial. Comienzas a distinguir entre lo que tu mente teme y lo que tu alma necesita. Entre lo que parece seguro y lo que es auténtico para ti, entre lo que te contaste durante años y lo que hoy ya no te sirve.

Escuchar tu cuerpo es la forma más profunda de autoconocimiento, y quizá la más valiente.  Porque requiere parar, requiere honestidad, requiere dejar caer máscaras.

Y desde aquí, te pregunto, ¿Cómo es tu día a día? a quién escuchas, ¿a tu cuerpo o a tu mente? Desde dónde estás ¿desde la mente o desde el cuerpo? Sólo tienes que pararte y observar. 

Crees que escuchas primero a tu mente, que es más rápida, pero no es así. 

Te invito a que hagas este ejercicio. Párate a observar alguna situación donde pueda aparecer alguna emoción, como la ira, la tristeza, el miedo… observa  tu mente que te dice, escucha su parloteo. Y siente también tu cuerpo, vete a esa sensación sentida que aparece; al principio puede que sea muy sutil. Quédate ahí observando, sin juicio. Observa que se despliega y que mensaje trae.

La mente no te dejará bajar al cuerpo, ella seguirá hablando. Aún así, sigue observando esa sensación que ha aparecido. Siéntela. Puedes ir otra vez a tu  mente a ver que te dice, y de esa manera vas a poder ir identificando cada vez que te hable una u otra. Y sobre todo, con el entrenamiento y la práctica, podrás darte cuenta desde donde habla cada una. Y llegará un momento que estarás conectado con tu cuerpo, lo escucharás y sabrás el camino; aunque vuelva a aparecer ese parloteo, que lo único que quiere es ayudarte, pero no sabe cómo, estarás conectado con tu esencia, con tu verdad.

Así, que es lo que esperas para conectar con esa sabiduría que hay en ti?